La alegría y la tristeza son probablemente las dos emociones más importantes sobre las que giran los avatares de nuestras vidas. La alegría se expresa en tantas cosas buenas que nos da la vida. El amor, la salud, un trabajo con el que nos realizamos, el sexo, las buenas relaciones, el nacimiento de un hijo, disfrutar de un hermoso día con un bello paisaje, una música que nos conmueve…, son experiencias que pueden hacer sentirnos alegres, contentos. La pérdida de algunas de esas cosas o cualquier otra que apreciamos, puede sumergirnos en sentimientos de tristeza al perder algo valioso que nos hacía sentir alegres y ya no lo tenemos.

La vida se mueve entre estos dos polos, entre tener algo valioso y poder disfrutarlo, y perderlo y tener que despedirnos de eso tan querido. Tan importante es saber disfrutar de las cosas buenas como atravesar el duelo de lo que hemos perdido.

A lo largo de nuestras vidas vamos experimentando infinidad de sensaciones, emociones o sentimientos que necesitamos saber encauzar de diferentes maneras. Cuando permaneces impasible ante las cosas que te ocurren puede que te estés perdiendo el sentido más importante de todos, vivir, y vivir es emocionarse o emocionarse es vivir. El sentido de la vida es precisamente sentir la vida, y la vida la sentimos a través de las emociones y los sentimientos. Una vida sin emoción es una vida insulsa y sin sentido, y hay personas que expresan ser espectadores de sus propias vidas o de la de los demás, quejándose de no poder emocionarse ante nada.

Entrando ya en el ámbito de la psicoterapia, este problema tiene su origen con bastante frecuencia en experiencias no resueltas en nuestro pasado dado que hay sentimientos y emociones que han quedado “atrapados” dentro de nosotros que no tuvieron salida y siguen ahí, en nuestro subconsciente sin resolver. Esto limita las posibilidades de vivir la vida en toda su amplitud y en contacto con el presente. Hay algo importante que no pudo ser atendido y está pendiente de resolver. No suele ser fácil, porque suelen ser sentimientos dolorosos que tienen que ver con algún acontecimiento importante que no fue escuchado, consolado, tranquilizado…, y en definitiva no fue visto.

Solo cuando puedes empezar a sentir la soledad que vivistes, a dejar salir aquellas lágrimas que tuvistes que tragarte, a empezar a aceptar el enfado o la rabia que tuvistes que reprimirte,…..entonces empieza a tener salida la emoción o el sentimiento que quedó encerrado, y este trozo de vida tuya que quedó “atrapada” puede  empezar a ser liberada. Puedes entonces emocionarte por algo que tuvistes que dejar de sentir que afectó reduciendo la capacidad de sentir de todo tu mundo de emociones. Dicho de otro modo, cuando puedes liberar las emociones que tuvistes que dejar de sentir, recuperas una mayor capacidad de sentir y se amplia tu capacidad de vivir. Emociónate, déjate sentir, porque la vida es emocionarse y ¡¡tu vida es emocionante¡¡.

José Luis Moreno