El miedo, una emoción clave en el proceso de cambio

Todos hemos vivido en algún momento de nuestras vidas algún tipo de miedo. Es una emoción que va unida a la experiencia de vivir y a nivel evolutivo tiene una función protectora porque nos protege y ayuda en la supervivencia. Las investigaciones neurocientíficas así lo revelan por la importancia que tiene en la evolución de la especie. Uno de los investigadores, Wulf Haubensak, neurocientífico que ha investigado sobre el miedo, lo expresa de la manera siguiente: “Es el estado más intenso en el que pueden entrar tu mente y tu cuerpo y solo tiene una meta: tu supervivencia”.

En estas investigaciones han identificado una especie de Circuito del Miedo, que incluye varias partes del cerebro y en el que destacan el papel de la amígdala, un pequeño órgano que se localiza en el centro del cerebro, que forma parte del Sistema Límbico. Tiene un papel fundamental porque es una especie de botón de emergencia de nuestro cerebro y si detecta un peligro, como por ejemplo una explosión en mitad de la noche, activa una señal que reenvía inmediatamente al resto del cuerpo para que una serie de funciones vitales se activen de manera intensa, inmediata y muy rápida para hacer frente al peligro y estar a salvo lo antes posible.

Sin embargo, a menudo experimentamos otro tipo de miedos que tienen que ver con las relaciones con la gente y con la dificultad de expresar nuestros sentimientos y nuestra forma de ser. Estos miedos tienen mucho que ver con el miedo al rechazo, a ser heridos o a ser abandonados, y tienen su raíz en nuestras experiencias infantiles, en nuestra propia inseguridad o falta de confianza en nosotros mismos. Pero tanto en una situación de emergencia y peligro en la que está en riesgo nuestra vida, como en una situación relacional en la que sentimos algún tipo de miedo, el miedo aparece porque nos avisa de que podemos entrar en una situación de peligro y vulnerabilidad. El miedo nos avisa de que podemos entrar en una situación de vulnerabilidad, ya sea porque corre peligro nuestra vida o está en riesgo nuestra autoestima porque nos pueden rechazar o herir y tememos sentirnos dolidos.

Ante los miedos que condicionan nuestras relaciones sí podemos hacerles frente porque hay miedos que tienen una larga historia en nuestra vida personal que nos han dejado paralizados y bloqueados en la expresión de determinados sentimientos, que precisamente tienen que ver con la experiencia de la vulnerabilidad y el dolor emocional. Hacer conscientes estos miedos es fundamental para que entonces se empiecen a relajar y se produzca un proceso de cambio. Si deseamos cambiar a un nivel profundo es preciso hacer frente a nuestros miedos, por eso el miedo es una emoción clave en el proceso de cambio. Cuando el miedo permanece dentro de tí, impide la posibilidad de cambio porque tiene un efecto paralizante, creando una barrera que te separa del mundo exterior. Cuando esto ocurre, el miedo es nuestro mayor enemigo porque la vida acaba congelada y encerrada dentro de nosotros mismos. Pero cuando empezamos a hacer frente a nuestros miedos, a aceptarlos y comprenderlos, se inicia un proceso de cambio y de toma de conciencia en el que nuestros miedos se convierten en nuestro mejor maestro, porque nos muestran lo que hay encerrado debajo del miedo buscando una salida para abrirse, expresarse y liberarse. Al relajarse el miedo se produce un movimiento de apertura que da paso a la confianza y a la expresión de nuestra autenticidad.    

José Luis Moreno

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Tu vida es emocionante

La alegría y la tristeza son probablemente las dos emociones más importantes sobre las que giran los avatares de nuestras vidas. La alegría se expresa en tantas cosas buenas que nos da la vida. El amor, la salud, un trabajo con el que nos realizamos, el sexo, las buenas relaciones, el nacimiento de un hijo, disfrutar de un hermoso día con un bello paisaje, una música que nos conmueve…, son experiencias que pueden hacer sentirnos alegres, contentos. La pérdida de algunas de esas cosas o cualquier otra que apreciamos, puede sumergirnos en sentimientos de tristeza al perder algo valioso que nos hacía sentir alegres y ya no lo tenemos.

La vida se mueve entre estos dos polos, entre tener algo valioso y poder disfrutarlo, y perderlo y tener que despedirnos de eso tan querido. Tan importante es saber disfrutar de las cosas buenas como atravesar el duelo de lo que hemos perdido.

A lo largo de nuestras vidas vamos experimentando infinidad de sensaciones, emociones o sentimientos que necesitamos saber encauzar de diferentes maneras. Cuando permaneces impasible ante las cosas que te ocurren puede que te estés perdiendo el sentido más importante de todos, vivir, y vivir es emocionarse o emocionarse es vivir. El sentido de la vida es precisamente sentir la vida, y la vida la sentimos a través de las emociones y los sentimientos. Una vida sin emoción es una vida insulsa y sin sentido, y hay personas que expresan ser espectadores de sus propias vidas o de la de los demás, quejándose de no poder emocionarse ante nada.

Entrando ya en el ámbito de la psicoterapia, este problema tiene su origen con bastante frecuencia en experiencias no resueltas en nuestro pasado dado que hay sentimientos y emociones que han quedado “atrapados” dentro de nosotros que no tuvieron salida y siguen ahí, en nuestro subconsciente sin resolver. Esto limita las posibilidades de vivir la vida en toda su amplitud y en contacto con el presente. Hay algo importante que no pudo ser atendido y está pendiente de resolver. No suele ser fácil, porque suelen ser sentimientos dolorosos que tienen que ver con algún acontecimiento importante que no fue escuchado, consolado, tranquilizado…, y en definitiva no fue visto.

Solo cuando puedes empezar a sentir la soledad que vivistes, a dejar salir aquellas lágrimas que tuvistes que tragarte, a empezar a aceptar el enfado o la rabia que tuvistes que reprimirte,…..entonces empieza a tener salida la emoción o el sentimiento que quedó encerrado, y este trozo de vida tuya que quedó “atrapada” puede  empezar a ser liberada. Puedes entonces emocionarte por algo que tuvistes que dejar de sentir que afectó reduciendo la capacidad de sentir de todo tu mundo de emociones. Dicho de otro modo, cuando puedes liberar las emociones que tuvistes que dejar de sentir, recuperas una mayor capacidad de sentir y se amplia tu capacidad de vivir. Emociónate, déjate sentir, porque la vida es emocionarse y ¡¡tu vida es emocionante¡¡.

José Luis Moreno

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Tejiendo redes de afecto que te nutran de amor

El amor es algo tan intangible y tan buscado en la vida del ser humano que es uno de los motivos principales de consulta a un profesional de la psicología, pero también a otro tipo de consultas ajenas a la psicología, donde desde la desesperación, se buscan respuestas rápidas o mágicas a un amor deseado o a una vida vacía de afecto. La búsqueda del amor es tan importante porque encontrarlo da sentido a nuestras vidas, y no encontrarlo puede dar lugar a no querer seguir viviendo. 

Sin embargo, la mayoría de gente, busca ser felices haciéndose ricos o siendo famosos, y lo que demuestra una reciente investigación de 75 años de recopilación de datos, la más larga de la historia, no es precisamente eso, lo que concluye este estudio es que lo que verdaderamente nos mantiene felices y saludables a lo largo de la vida es saber cultivar unas buenas relaciones con los demás

Este revelador trabajo de investigación dice que el efecto que tiene en nuestra salud y longevidad es tener unas buenas relaciones con tu entorno. Lo sostiene por tres conclusiones. La primera, es que las personas que tienen más vínculos sociales como la familia, amigos, y la comunidad, son más felices y más sanas que las personas que tienen menos vínculos. Las personas que viven en soledad tienen peor salud y fallecen antes. La segunda, tiene que ver con la calidad de las relaciones y no con la cantidad, las relaciones de calidad en las que hay sensación de protección y seguridad. Y la tercera, es que las relaciones de apego seguro benefician tanto al cuerpo como al cerebro.

Si comprendemos el amor como vínculos de afecto y nos imaginamos esos vínculos como una multitud de hilos invisibles que nos unen a las personas queridas por donde circulan sentimientos y afectos que van y vienen, podemos visualizar una gran red de afecto que cada uno va tejiendo a lo largo de su vida. Esta labor es compleja porque las relaciones son difíciles a veces, tienen que ver con los sentimientos, el cuidado, la empatía, el respeto, en definitiva, con dar y recibir amor. Se requiere tiempo, sensibilidad, paciencia.

Las conclusiones de este estudio validan también las investigaciones de la teoría del apego y la importancia que tiene para las buenas relaciones futuras del bebé sentirse en un apego seguro con su cuidador principal en la etapa de los dos primeros años de vida.

  

Si creas una red de personas a las que tu quieres y te quieren, es más fácil que tengas una vida saludable y longeva, pero esa red la tienes que ir tejiendo a lo largo de los años para que el afecto no pare de circular por esos hilos invisibles que nos unen, que no se ven pero que los sentimos cada vez que esas personas estén ahí presentes cuando las necesitamos. Haz grande y fuerte esa red para que no te falte el amor que necesitas para vivir. Se el tejedor de tu propia red de amor para una vida saludable y feliz.

José Luis Moreno

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